Hay varios asuntos que se deben de abordar en el momento de que se crea un testamento. Uno de los más importantes es el de transferir la tutela de un ser querido a otro. Esto sucede en la instancia de que el ser querido es incapacitado y, en estos casos, la persona califica como: hijos menores de edad, adultos mayores o aquellos que no están en pleno uso de sus facultades mentales.

Tutela para menores

Es una decisión bastante personal e íntima dada que, por lo general, esto tiende a aplicar para personas con hijos. La tutela del hijo puede ser difícil de establecer y hay una serie de factores que se deben de considerar por el bien del menor.

  1. Creencias personales y religiosas
  2. No buscar separar a los hermanos
  3. Situación económica
  4. Discapacidades o necesidades especiales
  5. Edad de persona recibiendo la tutela del menor
  6. Dónde vive la persona recibiendo la tutela del menor

Estos factores son de gran importancia y se tiene que considerar en el momento de que se está creando el testamento debido a que es el derecho del padre salvaguardar el mejor interés para sus hijos.

Tutela para el adulto mayor o discapacitado

Para casos específicos como estos, la ley permite que existan dos tipos de tutelas, conocidas como las tutelas voluntarias e involuntarias. La primera se otorga a petición del adulto que, a pesar de estar en pleno uso de sus facultades mentales, solicita la tutela para tener a alguien que administre el uso de sus bienes. La segunda se da cuando se le asigna la tutela a la persona por incapacidad.

Sin embargo, existen instancias en el que la corte puede limitar la transferencia de la tutela cuando piensa que el partido responsable no es lo suficientemente competente. En estos casos, la corte asignará la tutela de la persona.

Esto se tiene que llevar a cabo estableciendo la información relevante en el testamento, firmada y con los testigos necesarios.